Sin artes y cultura no hay industria creativa

  La reivindicación de las políticas culturales

Quienes me conocen saben que no me gusta la foto2demasiado el término industria asociado a cultural y creativa. Y no porque no reconozca la existencia de actividades netamente industriales en estos ámbitos, sino porque no comparto su utilización como un genérico que agrupa a todos los subsectores culturales o creativos, sean estos de creación, de producción y distribución de productos tangibles, prestación de servicios, difusión de ideas o generación de experiencias.

Pero el boom del discurso sobre las industrias creativas en Europa es indiscutible. Y España se ha sumado a esta tendencia, pero como casi siempre de una manera confusa, sin raíces profundas y malcopiando o adaptando torpemente prácticas y discursos de otros contextos, especialmente del británico o de los países bálticos (distintos también entre sí).

A finales de la anterior década la consultora KEA hablaba en un informe sobre el sector cultural y creativo en Europa de 4 grandes ámbitos en que se movían las prácticas culturales y creativas. Si los representásemos en forma de círculos concéntricos (como si de una diana se tratase) encontraríamos en el círculo central a las Artes y el Patrimonio (y las prácticas ligadas a estos ámbitos, fundamentalmente de servicios culturales); en un segundo círculo encontraríamos las industrias culturales, es decir, aquellos ámbitos de reproducción, distribución y consumo masivo de contenidos o producciones culturales (aquí encontramos el libro, el cine, el disco…); un tercer círculo contempla una evolución industrial ampliada de los contenidos culturales hacia las llamadas industrias creativas (aquí encontramos el diseño, la arquitectura, la moda, los videojuegos…); y un cuarto círculo que recoge toda la industria auxiliar y de soporte a los anteriores ámbitos (hardware y tecnología de soporte, redes, producción gráfica, servicios auxiliares…).

Especialmente con la crisis que vivimos desde 2008 y la necesidad desde las administraciones públicas de encontrar nuevos “El Dorado” para la generación de actividad y empleo (algo parecido a lo que ocurrió en los tempranos 90 con los llamados Nuevos Yacimientos de Empleo, curiosamente caídos en un olvido total) tomó impulso la idea de apostar por las industrias creativas como sector capaz de generar empleo de calidad (podríamos discutirlo) a través de una actividad económica que ayudase a los territorios a ser más creativos (algo que en general se intuye pero que en general no se sabe muy bien cómo articular) y a posicionarse como tal en la supuesta competencia entre ciudades para sela foto3r más atractivas ante el talento creativo y las inversiones de alto valor añadido.

Caben muchas reflexiones sobre este último extremo, quizá motivo de otros post, pero hoy quiero centrarme en el papel de las artes y la cultura, y de sus manifestaciones intangibles y tangibles más tradicionales, en el discurso de las industrias y los territorios creativos. Aquí solo podemos estar decepcionados. En general se han relegado las políticas culturales a un reducto de servicios ciudadanos, en general poco vinculados con la creatividad, resistiendo en unos departamentos de Cultura cada vez más anémicos, y exentos en general de propuestas de impulso a su dimensión económica y empresarial. Y por otro lado las áreas públicas de claro carácter económico se han hecho con el discurso de lo creativo (con la intuición de que algo tiene que ver con la innovación y la generación de nuevas oportunidades de crecimiento). Pero en esta carrera por el impulso de lo creativo se nos están olvidando muchas cosas.

La primera es que sin creación no hay creatividad, o al menos no hay la renovación suficiente de esta. Sin imaginación no hay creatividad, y cierto que sin creatividad aplicada no hay innovación, en cualquier ámbito social, pero no podemos olvidar el germen. las artes y la cultura no son en este momento atractivas en cuanto a inversión o proyección pública. Se prefiere hablar de la industria del videojuego, la potencialidad de nuestra moda, o del tardío descubrimiento del diseño industrial más que hablar de artistas, de experimentación, de valores…Y si de algo de esto se habla es en términos de atracción de talento externo. Y se habla de dimensionar, de atraer grandes inversiones del sector (más que de impulsar), o de otras acciones desconociendo, o más bien ignorando, que el 98% de nuestras organizaciones en esos sectores son micro (es decir de menos de tres personas) y que suponen el 95% del empleo total. Lo cual no significa que no sean dinámicas, que no estén bien relacionadas, que no sean capaces, en muchas ocasiones, de tener proyección internacional…

Es decir, claro que necesitamos estrategias de grandes iconos (infraestructuras, festivales, ferias…) o de atracción de talento. Pero ¿no merece la pena apostar también por estrategias de polinización cruzada entre talento local, entre sectores, entre organizaciones de dimensiones diversas? A partir de lo nuclear, las artes, la cultura y el patrimonio, como la esencia sobre la que construir sociedades más creativas, donde sin duda florecerán empresas y prácticas más creativas (o territorios más creativos, pero sin olvidar que lo que hace a una ciudad creativa son sus gentes ).

Y desde la comprensión e impulso de lo esencial es cuando podremos entender el auge de nuevas prácticas creativas que se mueven en lo transdisciplinar, en lo híbrido, como muchas de las que forman parte de Karraskan, la red de experiencias creativas de Euskadi. Experiencias que cruzan los círculos clásicos para poner en relación las artes con la educación, con la innovación empresarial, con la salud, con el desarrollo territorial, con el desarrollo de nuevos modelos económicos…

Una sociedad creativa necesitOLYMPUS DIGITAL CAMERAa industrias creativas, pero ambas, la sociedad y las industrias, necesitan prácticas capaces de colarse en la cotidianeidad, de sorprender, de ayudar a descubrir, a co-crear, de emocionar, de impulsar el espíritu crítico y la creatividad.

Las políticas culturales deben redefinirse para ser influyentes ante el nuevo (y quizá un poco desviado) discurso que se está imponiendo y evitar una hipotética ciudad creativa repleta de industrias supuestamente creativas pero sin creadores o sin una ciudadanía crítica y creativa.

Porque hablar de economía creativa es mucho más que hablar de industrias creativas. Pero esto, para otro post.

Nota sobre las imágenes: La primera está tomada en Santa María (Brasil) en 2013 y se trata de un mural en la trasera de la Casa de Cultura de la ciudad (desconozco la autoría). La segunda es un detalle de la entrada a la exposición que sobre Alfonso Zapico ha organizado este 2013 el centro Niemeyer de Avilés. Y la tercera es la obra  “Monte-Meuble, l´Ultime Déménagement” del artista argentino Leandro Elrich, que formó parte del festival “Journey to Nantes” en 2012.

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Trabajamos en la Economía creativa, en cómo impulsar a las organizaciones de la cultura y la creatividad pero también en cómo hacer más creativos e innovadores otros sectores y los territorios.
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6 respuestas a Sin artes y cultura no hay industria creativa

  1. Pio Ortiz de Pinedo dijo:

    Las artes y la cultura, a diferencia del resto de actividades que aparecen en el ámbito de industrias creativas, no tienen resuelto su modelo de financiación “después de lo público”, mientras la moda, la arquitectura, los video juegos…, son capaces de atraer por sí mismos inversión con grandes expectativas de beneficios a corto plazo lo cual interesa muchísimo a nuestros líderes políticos. La creatividad en si misma podría ser ya un factor de producción aportando valor en la empresa pero hacen falta algunos buenos ejemplos, buenas prácticas para visibilizar esta rentabilidad que tanto interesa para lograr respaldo.
    La sensación que tenemos por el momento es de “experimentación”, de pequeñas incursiones en proyectos piloto super interesantes para ver si hay verdadero potencial y hacer una apuesta más fuerte en el futuro. Mientras tanto, el mercado y las ciudades se mueven por los canales de siempre, con empresas de toda la vida y marcado carácter industrial. Hay que hacerse un hueco y entrar en estas grandes apuestas de remodelación e inversión pública aunque sea de forma testimonial para crecer con la recuperación económica, de otro modo lo vamos a tener muy complicado.

  2. etilem dijo:

    Me resulta curioso lo inversamente simétrico que es este texto respecto al que yo publiqué hace unos días (http://etilem.wordpress.com/2013/09/06/el-tamano-si-importa/). Deduzco que coincidimos en el análisis: ni hipertrofiar el músculo “industrial” de la cultura, ni, por el contrario “hipotrofiarlo”. En el equilibrio anda el juego.
    Y por supuesto, se trata de una cadena: la industria cultural necesita y arraiga en la creatividad y en lo artístico. Cultivar la base ayuda a que crezca lo de arriba.

  3. Desde luego ese esquema de círculos concéntricos se ha debido traspapelar por algún lado. El primer círculo germinal ha sido borrado del mapa (si es que alguna vez estuvo y fue reconocido) y del resto sólo se visibilizan determinados sectores, ya sea por tradición o siguiendo las pautas generalistas.
    Lo peor de todo esto es que la hegemonía de este mal-modelo es total y se impone con violencia, tratando de tapar todos los posibles resquicios para que se diversifiquen posibilidades, para que quienes no comparten ese modelo puedan sobrevivir.
    Y es que la apuesta por la concentración se basa en eso, en juntarlo todo. Y eso choca con lo distribuido y diversificado. No se permiten las derivas, las desviaciones, las divergencias.
    Es triste y doloroso (cada día cuesta más contener la nausea). Pero antes de montar en su transatlántico fantasma con destino al infierno, seguiremos infiltradas entre la niebla, entretenidas con nuestra pequeñeces.

    • etilem dijo:

      Ricardo, necesitamos modelos, proyectos que no sólo nos convenzan a nosotros, sino a muchos más; que demuestren la utilidad no sólo para unos pocos, sino para muchos.
      Reconozco tu nausea porque este momento que vivimos, y más una generación de profesionales, no puede sino provocarnos eso. Pero necesitamos sobrevivir a ese marasmo, proponer y entusiasmar desde otro lugar (ya sea físico o intelectual). No nos paremos porque sucumbiremos.
      Salud!

      • Es como si ‘sus’ modelos sí convenciesen y fuesen útiles para la mayoría y cómo si la estrategia posible sólo fuese la dimensión (sólo desde lo grande). Se puede crecer desde la agregación de pequeños y alcanzar un gran impacto utilizando la acupuntura. Por más que las griten y las repitan, sus mentiras no serán verdad.

        Si tengo que pensar en entusiamar. me parece bien una combinación de estas tres acepciones:
        1 Estado de ánimo del que se siente muy alegre y excitado, y lo exterioriza generalmente con risas, gestos y gran agitación.
        2 Atención y esfuerzo que se dedica con empeño e interés al desarrollo de una actividad o trabajo.
        3 Adhesión fervorosa a algo o a alguien: con sus palabras se ganó el entusiasmo de las masas.

        El problema es que (en general) principalmente veo interés por placebos que nos inciten a la primera y a buscar atajos para la segunda.

      • etilem dijo:

        Ricardo, ese interés por el placebo es el interés por el simulacro, por el parecer antes que el ser.
        Pero tus ideas no están solas, son buenas, y te las recojo.
        Lo que yo reivindico es que cambiemos el paradigma, que desde dentro, quien pueda -porque muchos estamos fuera- también se puede hacer evolucionar. Y desde fuera, convenzamos a nuestros conciudadanos de que deben exigir otras cosas.
        Seguimos!

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